Después de la Última Cena, el Santo Grial fue llevado a Roma por San Pedro. Allí lo conservaron los Papas hasta San Sixto II, quien para salvarlo de la persecución de los cristianos por el emperador Valeriano, lo entregó a su diácono español, quien lo llevó a dicho país. En el traslado de la reliquia desde Tierra Santa, se realizaron varios documentos de cesión e intercambio que se conservaron hasta hoy y que confirmarían la autenticidad de la copa que se encuentra en la Catedral de Valencia. Se trata de una copa labrada de piedra ágata y sin ningún adorno y que en la Edad Media se le añadió la base de oro con incrustaciones de perlas, esmeraldas y rubíes. En 1960 el reconocido arqueólogo Antonio Beltrán analizó la copa que se encuentra en la Catedral de Valencia y concluyó que la reliquia correspondía al Santo Grial. La copa de la Catedral de Valencia es venerada cada año por miles de fieles y los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI celebraron misa con ella en sus visitas a la ciudad. Científicamente aún no se le ha podido reprochar ningún argumento que niegue su autenticidad.