Con toda nuestra tecnología y nuestra capacidad de detectar objetos distantes en el universo, ubicado a miles de años luz de distancia, ¿por qué no hemos tenido contacto extraterrestre? El científico Alan Stern del Southwest Research Institute cree que nuestro contacto con las civilizaciones alienígenas puede verse obstaculizado por el hecho de que la mayoría de los organismos extraterrestres probablemente se encuentren en lo profundo de sus planetas natales, en océanos completamente cubiertos por gruesas capas de hielo.
Solo recientemente los astrónomos han llegado a apreciar cómo los océanos son comunes en nuestro sistema solar. La evidencia de su existencia se puede ver en varias lunas de Júpiter, Saturno y Neptuno, e incluso en el distante Plutón. Todos estos mundos tienen hielo de agua como un componente principal de su corteza, que forma montañas imponentes y cañones agrietados en sus superficies, pero se derrite en agua líquida a profundidades más bajas. Las fuentes hidrotermales en estos fondos oceánicos podrían bombear nutrientes a su entorno, al igual que los ecosistemas en el fondo de los océanos de la Tierra. Estas cunas de vida, protegidas del espacio por una gruesa capa de hielo, incluso podrían ser más productivas que nuestro propio entorno expuesto.
Y si los organismos vivientes en los helados mundos oceánicos evolucionan en criaturas inteligentes, probablemente no conocerían el cielo nocturno tan bien como nosotros los humanos. Tal vez el equivalente de un “programa espacial” se limitaría simplemente a cruzar la superficie helada del planeta. Según Stern: “Debido a la profundidad de los océanos y el aislamiento térmico superpuesto proporcionado por la tapa planetaria sobre estos océanos, estos ambientes están protegidos contra numerosos tipos de riesgos externos a la vida, como impactos, radiación, clima superficial, atmósferas venenosas y eventos astrofísicos mortales”. Si no nos encuentran primero, podría ser porque deciden que la comunicación a larga distancia no vale la pena, especialmente si creen que todos los demás están atrapados en sus propias burbujas heladas. Los expertos coinciden en que esta hipótesis podría explicar la falta de señales de otras civilizaciones tecnológicamente avanzadas.

