[Archivo] Pilar Sordo: Desigualdad… mucho más que un tema económico

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En nuestros países hispanos, el tema que se escucha todos los días en las agendas sociales y privadas, es el tema de la desigualdad, y parecemos expertos en hablar como el otro debiera disminuirla pero poco capaces en analizar cómo podemos aportar cada uno a esta gran brecha social. Siempre es más fácil decir lo que el otro tiene que hacer o como debiera mejorar que ver esas mismas conductas en nosotros mismos.

Sin duda analizar este tema es muy complejo y tiene muchas variables, y no quiero disminuir en este pequeño texto la responsabilidad que tiene el estado y los empresarios en trabajar en esto todos los días para hacer de nuestros países lugares dignos para vivir.

Sólo quiero aportar en un punto muy pequeño y que a mi parecer muestra que la desigualdad no es sólo un tema económico sino también de trato al otro, de ver a ese “otro” como un “otro” igual a mí y que le gustaría recibir lo mismo que me gusta a mi recibir todos los días.

Muchos de los que están leyendo esta columna tienen una “nana” o una persona que les ayuda a hacer las tareas de la casa. A esa persona le entregamos todos nuestros bienes y aspectos más privados de nuestra cotidianidad y además quedan muchas veces a cargo de nuestros hijos, lo que sin duda es lo más importante que tenemos.

Esas personas comparten y ven nuestra intimidad, lavando nuestras ropas, siendo testigo de nuestras peleas y tristezas y también observan casi mudas nuestros éxitos y alegrías. Esas personas conocen nuestras fragilidades y lados más oscuros, juntos con presenciar de lejos nuestras luces y aspectos amorosos.

Difícilmente hay gente que este silenciosamente tan involucrada en nuestras vidas como aquellas mujeres, las que además dejan a sus propias familias para cuidar las nuestras.

La pregunta frente a ellas, ya que generalmente son mujeres pero no quiero excluir a los hombres que hacen esa hermosa labor; es si ustedes saben ¿donde vive, como vive esa mujer? Me parece increíble que cada vez que he hecho esa pregunta en talleres, reuniones de apoderados en colegios, o en encuentros en empresas, todos o la gran mayoría baja la cabeza con vergüenza y reconocen con timidez que ni siquiera les preocupaba ese tema antes de que yo se los colocara en sus cabezas.

¿Cómo es posible que no sepamos donde vive la mujer o la persona que cuida a nuestros hijos, y a la que le dejamos en confianza todo lo que somos y lo que tenemos? Es la mínima reciprocidad que esa mujer se merece.

Hace mucho supe de un adolescente que trabajando en un techo para Chile, llego a un campamento a hacer una vivienda de emergencia y cuando le abre la puerta una señora a la que iba a ayudar, se dio cuenta que en ese lugar vivía su “nana”, “su empleada”, la persona que lo había criado desde bebé.

Fue tal su impacto y su tristeza que al llegar a casa hizo hacer una reunión familiar con el fin de juntar el dinero para comprarle una casa, que fue lo que hicieron entre todos.

Si supiéramos de la realidad de vida de los que están a nuestro lado y nos importara descubrirla, tal vez en pequeños estándares esa desigualdad disminuiría de a poco y desde el amor por los demás.

Háganse esa pregunta, vean cual es la respuesta y actuemos en consecuencia. Ahora que iniciamos un nuevo año podríamos partir haciendo cosas que hagan sentir al otro importante, reconocido, querido y con las condiciones para que los que tenemos más podamos dar a aquellos que nos colaboran en relación a lo que su dignidad de ser humanos exige en el entendimiento más profundo de mover este circuito desde el amor y el derecho natural que todos tienen de ser tratados y reconocidos como a mí me gusta que lo hagan conmigo.