
Todos hemos conocido a personas que se quejan continuamente, pero nunca hacen nada por cambiar la situación. También están los que se preocupan en demasía y alteran a todos los demás, los que tienen mal humor y siempre ven la fatalidad, o los que no tienen empatía con las emociones de sus pares.
Y podríamos hacer una larga lista de a todos los que se les cataloga como tóxicos, porque nos quitan la energía, nos dejan cansados con su sólo presencia, y con el tiempo hasta evitas verlos.
Pero si están dentro de tu familia cercana o es un ser muy querido, debemos buscar estrategias para llevar una buena convivencia.
Por eso, hoy quiero compartirles una fórmula que es maravillosa, y consiste en intoxicarlos a ellos con alegría y optimismo. No sirve hablar porque no van a entender, pero sí le podemos mostrar una forma de vivir distinta con resultados diferentes, eso permite que entiendan que su forma de funcionar no les produce el efecto que desean.
Así que mantén tu alegría y optimismo, porque son muy poderosos y puedes contagiarlo si así te lo propones.
¡Un abrazo!

