En estos tiempos de agobio y rapidez en el día a día, es cuando más necesitamos detenernos y dejar crecer a nuestro corazón cargado en gratitud. Y cuando menos lo pensamos, nos damos cuenta de que todo lo que buscábamos en nuestro exterior, está dentro nuestro.

Por lo que cuanto más estemos dispuesto a amar, ese amor volverá multiplicado a nuestro ser. La verdad es lo desconocido en cada instante, está en el centro del péndulo, sin quedarse sólo en los extremos. Extrañamente, los límites de la verdad que podamos forjar, no serán la verdad, pues debe ser experimentada en forma directa, sin intervenciones de creencias, opiniones o exigencias externas.

El centro del péndulo está dentro de nosotros mismos. Necesitamos auto-explorarnos
para auto-descubrirnos. Nuestro ajetreo diario nos hace querer conseguir cosas en nuestro exterior, afuera, lo inalcanzable, en vez de vivir y disfrutar lo que ya tenemos, lo que ya somos, lo que hemos logrado.

A veces nos cargamos de preocupaciones, nos volvemos víctimas o nos atamos a parejas que no contribuyen a nuestra felicidad, en vez de tomarnos la vida con más calma. Démonos la oportunidad de hacernos responsables de nuestro actuar, enfrentando los problemas con fortaleza y dejando de lado la victimización.

Elegimos no ser libres, pero tenemos la oportunidad de serlo cada día, sin dejar que los factores externos condicionen nuestra libertad interior, que es la única que nos hace sentirnos en armonía, paz y absoluta felicidad.

Como lo expresa la ley del espejo, cada vez que nos hiere, incomoda o aborrece en otros, es nuestro ser reflejado, y al mismo tiempo, cuando amamos a otros, es la expresión de nuestro interior en bondad, pero ojo, pues cada vez que exigimos a otro que nos ame, es porque no nos estamos con la intensidad adecuada, con la grandeza, confianza y calma que necesitamos.

Nacimos para ser felices, no para seguir reglas y normas impuestas, no para calzar con lo que otros desean de nosotros. Cuando aprendamos a reconocernos y aceptarnos, descubriremos la grandeza de la que estamos hechos. Cuando afuera no encontramos la felicidad que buscamos, es el momento de buscarla dentro de nosotros mismos.