Es tan importante entregar amor adonde vayamos, irradiando esta buena
energía a los enfermos, a los que sufren, a lo que se van, a los que
están.
Es tan sano comenzar a ver la muerte como una compañera en el proceso
de la vida, sin guardar rencores, ni quejas, ni cosas que nos hagan
añorar lo que no tuvimos, dejando de lado lo que si tenemos para
agradecer.
Nuestra vida nos exige estar a mil, evadiendo envejecer, enfermar, o
cambiar la mirada de la belleza. Es tan común encontrarnos rabiando
porque no estamos como deseamos estar, dejando de lado la importancia
de apreciar el tiempo que pasa, pues cada etapa implica enseñanza,
aprendizaje, reconcepción.
Debemos aprender a sacar nuestras emociones negativas, despojarnos de
ellas, pidiendo perdón, perdonando, sacando la rabia, la amargura, la
tristeza, comenzando a agradecer el calor que nos abriga el alma, el
frío que nos refresca, la lluvia que nos limpia, el viento que nos
sacude, porque todo nos ayuda, auque no tengamos consciencia inmediata
de ello.
Abracemos a quien está a nuestro lado, abracémonos nosotros. Humildad
y ternura son la clave para ir mejorando nuestras relaciones con los
otros y con nosotros mismos. Si nos enfocamos en dar lo mejor de
nosotros, empezaremos a recibir también lo mejor de los demás.

