La Honra es la demostración de aprecio, respeto y reconocimiento que se hace a otros, ya sea por sus virtudes o sus méritos.
Cada persona es un maestro en tu vida, todos de alguna forma u otra, contribuyen a tu crecimiento, por lo que debes honrar los pensamientos, deseos y palabras de las personas, aunque muchas veces no coincidan con tus propios pensamiento o acciones.

Evita interrumpir, no te burles, ni los limites groseramente. Permite a cada uno expresarse de manera personal, es su derecho. Debemos reconocer la individualidad del otro y su trabajo, demostrando nuestra fraternidad y tolerancia al aceptarlo tal como es, sin tratar que sea un yo proyectado.
La fraternidad no sólo equivale a afectos, sino a respaldar estos con acciones, pues el sentimiento sin acción no tiene sentido. A su vez, honramos con acciones en el respeto que los otros nos generan. En la medida que honramos y respetamos al otro, menos posibilidades tenemos de irritarnos con sus acciones, y esto nos convierte a nosotros mismos en seres más honorables.
Ahora bien, si nos surge la pregunta de por qué honrar a quien no lo merece, también es bueno recordar que tenemos libre albedrío, y cada uno elige qué camino tomar, pues muchas veces este es el camino de aprendizaje, aunque nos lleve a cometer errores, pues de estos también aprendemos. Entonces, ¿Quién soy yo para poner en duda el camino que el otro eligió?
El aceptar a otros equivale a aceptarnos a nosotros mismos, pues tal como lo refleja la ley del espejo, me molesta en el otro, lo que realmente me molesta en mí. Si acepto al otro con sus errores, también es una forma de aceptarme con mis propios errores. Ahora bien, ¿Puedo modificar al otro?… No, ¿Puedo modificar mis acciones?… Si, y aquí está la clave, reconozco en otro y modifico en mí. Todo en el plan de ir trabajando mi propio ser para mejorar cada día.

