
Existe lugares afectivos que nos hacen sentir atraídos, en donde nos sentimos parte, aunque nos puedan hacer daño, y sólo un acontecimiento radical y externo, nos hará querer salir de ese lugar que nos tiene mal.
No siempre entendemos el porqué de las cosas que nos suceden de inmediato, a veces se requiere tiempo para darle un sentido y entenderlas experiencias que nos marcaron de manera profunda. Pero el universo siempre nos abrirá una ventana cuando las puertas se cierren, y lo que debemos es tratar de darle una nueva mirada, resignificar los hechos para encontrar el sentido.
El tiempo es un gran consejero, pues si lo aprovechamos con altura de miras, encontraremos las oportunidades en cada adversidad, en cada nuevo desafío. Lo importante es querer ver más allá y no quedarnos pegados o aprisionados en la pena, rabia y mala sensación.
Aunque nos neguemos a ver las señales, los lugares que no son para nosotros nos terminarán sacando de alguna manera, es inevitable salir de donde no se debe estar. Podemos salir dañados, confundidos, con dolor, pero lo importante es dar ese primer paso y salir, pues si estamos en un lugar que no nos hace feliz y nos genera angustia o sufrimientos, sencillamente es un lugar en el que no deberíamos estar.

Cada experiencia, aunque sea dolorosa, es una fuente de aprendizaje y llega a nuestra vida con un propósito, por lo que es importante no renegarlas, si no que aprender de ellas y aprender de nosotros mismos, enfocando nuestras energías a nuestro bienestar, físico, mental, psíquico y espiritual.
Cada lugar que no es el nuestro nos expulsará tarde o temprano. Aprendamos a cuidarnos, a querernos y protegernos. No nos expongamos a lugares en donde la felicidad y tranquilidad no es un lugar común. Aprendamos del amor, no del dolor.

