Dentro de los espacios de libertad que intentamos vivir a lo largo del año, llegó noviembre. Y es un buen momento para preguntarnos, si uno quiere, si puede, si está dispuesto, a hacer regalos de navidad.
Pareciera que nadie tiene derecho a hacerse esa pregunta, pareciera un mandato, aunque claramente excluyo a los niños más pequeños, a los que no se les puede explicar. Pero me refiero al mundo adulto, a esta frivolidad espantosa donde se cae y nos impide libertades. Sabemos que de un modo u otro igual vamos a pagar costos, los que no regalan tendrán la libertadde que no están endeudados en relación a esto, y los otros deberán asumir el cansancio de salir de compras y las deudas.
Creo que ambas cosas son válidas, dependiendo el año, porque hay periodos muy dolorosos y hay que ser consecuentes con eso también. Y no caer en esto que se nos obliga a siempre cumplir reglas, sin preguntarnos si lo queremos hacer o no. Piénsalo.
¡Un abrazo cariñoso!

