Cada uno de nosotros somos parte de la Tierra, y aunque muchas veces no nos damos cuenta, estamos absolutamente conectados, pues somos una manifestación energética de nuestro planeta, y cuando logramos tener conciencia de esto, logramos realizar una conexión y relación con nuestro entorno.
Cada día al salir de casa, honra la naturaleza, saluda y abraza a los árboles, canta con las aves, siente el viento. Todos ellos son parte del Gran espíritu de la vida. Estarás más centrado y el día será más feliz.
Hoy, nuestro sistema de vida nos tiene viviendo aceleradamente, con mucho estrés y poca armonía, y poco espacio nos dejamos para conectarnos con la naturaleza. Al establecer conexión con la Tierra, vamos encontrando espacios de paz, tranquilidad, vitalidad… y así vamos fluyendo, creciendo, sintiendo el arraigo y sensibilidad que nos ayudan a encontrar el equilibrio.
En la medida que vamos estableciendo la conexión con nuestro entorno vivo, vamos a dejar de sentir la separación que hoy nos aqueja, tal como sucede con la división que muchas veces hacemos entre cuerpo y mente, que infelizmente nos lleva al desarrollo de enfermedades.
Incluso, cuando estamos pasando por momentos tristes o de dolor, al sentir que somos parte de la naturaleza, cuando nos acercamos a ella y dejamos fluir la energía, vamos liberando nuestro pesar. Camina descalzo, abraza un árbol, respira profundo, disfruta el viento, refréscate con el agua, relaciónate con animales, camina y ve sintiendo como eres parte de este todo.
Somos parte del universo, y debemos aprender a explorar nuestro mundo desde lo espiritual y lo sensorial, aprender a respetarnos y respetar nuestro entorno, aprender a amarnos y hacerlo con el mundo que nos rodea. La clave está en entender que somos unidad con este mundo vivo.

