Tres meses después de que los judíos fueran liberados de Egipto por Moisés, Dios dio instrucciones para que se construyera un arca. Según los textos sagrados, el Arca de la Alianza sirvió a Dios para comunicarse con su pueblo, detener a ejércitos enteros, derribar murallas y abrir las aguas. Debía de ser de madera de acacia de 1,25 m. de alto y 0,75 m. de ancho, es decir, una relación de cinco a tres, cuya resultante es el número de oro. La caja debía recubrirse de oro tanto por dentro como por fuera, cubierta por una tapa y rematada por dos querubines del mismo metal precioso. Según el director internacional del Instituto del Templo de Jerusalén, los judíos tienen una cadena ininterrumpida de información grabada y transmitida de generación en generación, lo que indica la posición exacta del Arca de la Alianza. Se podría cavar para sacarla, pero esa zona está controlada por musulmanes. Recientemente el rabino Chaim Richman reveló al diario británico The Telegraph que la reliquia está oculta en las cámaras subterráneas del ya desaparecido Templo de Salomón en Jerusalén, que se erigió en un lugar simbólico: el monte Moriah, tierra sagrada para los judíos, los musulmanes y los cristianos. Los palestinos impiden el poder llevar a cabo excavaciones arqueológicas, sobretodo porque la destrucción del monte Moriah es una de las señales de la llegada del Mesías de los judíos.

