A veces queremos darle un giro radical a nuestra vida en pro de la búsqueda de la felicidad, en donde una de las tareas principales es aprender a decir NO, dando espacio para la felicidad y bienestar propio.

Cuesta tanto aprender a decir un No seguro, abierto y confiado, debido a que es parte de un poder al que no estamos acostumbrados, y este poder nos genera autonomía, abundancia y paz, pues por sobre todo, nos aporta seguridad.

Cuando aprendemos a decir NO, automáticamente generamos una barrera laboral y personal, que nos permite desarrollar autoempatía, respeto y colaboración con quien somos y queremos ser, ayudándonos además a mejorar la productividad y clarificando prioridades, pues de este modo dedicaremos nuestro tiempo a aquello que realmente nos hace sentirnos plenos y felices.

El No es la puerta del SÍ, pues en la medida que saco lo que no quiero o no puedo aceptar, estoy dejando espacio para lo que realmente llena este rincón, reconciliando mis emociones y sentir con la aceptación de lo que verdaderamente soy.

Aceptemos nuestras debilidades y reconozcamos nuestras fortalezas, pongamos límites a los demás y aprendamos a reconocer aquellas fronteras que no nos dejan crecer. No olvidemos que la tiza que genera  y borra nuestros muros, está siendo trabajada por nuestra propia mano.