Conocí a Daniel y Paulina trabajaban juntos en un bar, él estaba a cargo de la caja y ella de la barra, se llevaban pésimo y noche tras noche peleaban hasta por el más mínimo detalle. Todos sabíamos de lo mucho que se detestaban y por eso nos llevamos una gran sorpresa.
Dicen que los polos opuestos se atraen y está no fue la excepción, una vez a la semana se quedaba parte del equipo para cerrar caja y hacer inventario, pero una noche se quedaron solos los dos y por primera vez hablaron de sus vidas. Paulina había terminado hace poco tiempo con su novio y estaba un poco decaída, la casa los invitó a algo de comer y beber, trabajaron, conversaron y al otro día, las cosas habían cambiado, ellos se saludaron cordialmente y la tensión que había en el ambiente se extinguió.
Otra semana pasó y otra vez había que quedarse, entre todos los que trabajaban se pusieron de acuerdo para que nuevamente solo estuviesen ellos dos. Volvieron a comer y a tomar algo antes de empezar a trabajar, ambos percibieron un coqueteo incipiente y comenzaron a soltarse, reírse e incluso ha hablar del porque se llevaban tan mal.
Inventario ok, caja cerrada, luces apagadas, Paulina y Daniel estaban listos para ir a casa, cuando él tomo levemente de su cintura, ella sintió una fuerte atracción, se dio vuelta y se besaron con locura, ninguno entendía bien que es lo que pasaba pero se dejaron de llevar. Partieron en la barra, luego en un sillones y terminaron en la bodega enredados en sudor y placer, ahí ya no había marcha atrás y lo que sintieron al estar uno dentro del otro los unío por mucho tiempo.


