Cuando somos adolescentes, constantemente estamos en la búsqueda de pertenecer a un grupo, una hermandad que nos siga y sea fiel a todas nuestras locuras, al encontrarla nacen los primeros amores intensos e inolvidables. Nosotros éramos 4: Claudio, David, Nicole y yo.
Claudio y Nicole estuvieron juntos desde los 15 hasta los 20 años, la intensidad de esos años los marcó para siempre y un cambio de ciudad, separó sus destinos. Tres años después de eso, Nicole era madre de 2 pequeños, se había casado y tenía una vida de familia medianamente normal, sin embargo nunca pudo dejar de querer a Claudio y de imaginarse su vida con él. Esto fue repercutiendo en su matrimonio, siendo cada vez era más notorio y llevándolos a una gran ruptura. Al separarse la Nico decidió volver a la casa de sus papás quienes hace un par de años habían vuelto al barrio que la vio crecer.
Se encontró con viejas amistades, muchas de las cuales seguían en el barrio y al igual que ella ya casadas y con hijos. Un día domingo estaba la familia reunida viendo una película en el living, los niños habían salido con su papá y esperando que llegaran Nicole se asoma por la ventana, al frente ve estacionado un auto
que le llamó mucho la atención.
– Chao mamita, en la semana le pasó a dejar la parilla. Al escuchar esa voz, algo en ella se estremeció y sin pensarlo corrió a la puerta y grito: ¡Claudio!. Se abrazaron una eternidad, el tiempo había pasado para ambos pero el amor parecía estar intacto. Esa tarde él la invitó a tomar un café, juntos recordaron el pasado y se daban cuenta de cómo habían cambiado.
– Me separé, le dijo Nicole luego de un largo silencio.
– Lo sé, respondió Claudio casi sin mirarla a los ojos.
Ella no quiso hacer preguntas, ni conocer en qué estaba él, pero iban a departamento y eso era un buen indicio. Al llegar pudo notar que estaba soltero, sabía que él algo tenía algo que decirle, pero ella seguía sin quererlo saber. Miradas, cariños ligeros y más roces de la cuenta los hicieron rememorar sus primeros encuentros, Nicole cerró sus ojos y sin saber si era real o un recuerdo, sintió a Claudio tan cerca que no podía dejar de desearlo, de tocarlo y de querer sentir con su lengua cada parte de su cuerpo. Esas ganas nunca las había sentido con otro, esa vibración y humedad saliendo a conquistar lo más íntimo de su ser, solo se debían a estar con él.
Todos sabemos que pasa cuando un hay amor y una cama, esta no fue la excepción. Las historias inconclusas siempre se vuelven a encontrar para escribir su final.

