El amor y la lucha de clases siempre ha sido un tema recurrente en películas, libros y también en la vida real ¿Será acaso qué, por ser un amor prohibido se vuelve más potente? Esta es la historia de mi amiga Anita y uno de los trabajadores de su papá.
Anita iba todos los veranos a un campo que tenía la familia en el sur, ahí pasaba largos meses de sus vacaciones. Si bien su familia no era de la llamada alta sociedad, el papá era un gran agricultor de la zona y gozaban de una muy buena situación económica.
Mi amiga había conocido a Ramón a los 7 años, él era el hijo de uno de los trabajadores del campo, jugaron juntos desde niños, hicieron las primeras fogatas en la adolescencia, carretearon juntos los primeros 18 y ese fue el último verano que se vieron.
La Ani estuvo 5 años sin pisar sus tierras y un día en la cocina de la casa, se volvieron a encontrar. Ramón la reconoció al instante, a ella le costo unos minutos, él estaba muy cambiado.
– ¿Ramón eres tú? le dijo
– Si Ani, soy yo.
Corrieron a abrazarse y comenzaron a conversar de sus vidas
– ¡Vamos a andar a caballo en la tarde! Le dijo ella
– ¡Vamos!, te paso a buscar a las 5. Le contestó.
El atardecer estaba perfecto, llevaron unas cosas para hacer un picnic y así seguir poniéndose al día. Ani había estado viviendo un tiempo fuera de Chile, él en cambio había entrado a la universidad y estaba viviendo en Santiago, trabajaba en los veranos para poder tener plata y así costear sus gastos personales.
La noche se aproximaba poco a poco, ellos seguían muy entusiasmados conversando. Se taparon con una manta y comenzaron a ver el cielo, ella se apoyo en su pecho, sentía como el corazón le latía a mil por hora, ambos tenían ganas de concretar lo que hace tantos años sentían venir.
Partieron con beso tierno de amor que luego se fue encendido por caricias, él sentía un poco de recelo al tocarla porque era la hija del patrón, ella le decía que ha estado esperando este momento por años, que por favor no pensará así, que esta Anita era una mujer echa y derecha, no era la pequeña hija del patrón.
Ese voto de confianza necesitaba Ramón para acceder a su cuerpo, rápidamente se desvistieron, verse desnudos después de haberse conocido toda la vida era algo extraño, pero él nunca había visto un cuerpo más hermoso y ella nunca había deseado tanto a un hombre.
Despacio se empezaron a tocar, juntos podían sentir cada centímetro de piel rozar sus cuerpos, querían amarse con locura, Ramón comenzó por besar el cuello Anita, luego fue bajando a su pecho para terminar en lo más femenino y hacerla sentir en otro planeta, Anita arqueó su cuerpo y se dejó llevar por el placer. Luego se sentó sobre las caderas de
Ramón para entregarse completamente a él.
Ese romance duró todo el verano, todo el invierno y siguen juntos sin ningún prejuicio hasta el día de hoy.

