[Historia Hot] El ardiente almacenero

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Carlos heredó de sus abuelos el famoso almacén de abarrotes del barrio. Desde pequeño estuvo metido en el negocio por lo que sabía como manejarlo y modernizarlo para no morir frente a la gigante competencia de los supermercados. Le iba tan bien que el local siempre estaba lleno y él ya no estaba dando a abasto solo.

Un día aparece por su puerta una atractiva y caribeña mujer con una hoja en la mano. ¿A quién busca? le preguntó él. Vengo a ver si es que necesitan a alguien, el otro día vine y me di cuenta qué hay pocas personas atendiendo a tanta gente, es necesario que alguien más le ayude.

Carlos la encontró un poco avasalladora, pero quedó encandilado con su acento y belleza. “Venga el sábado a las 9:00 am”, le contestó. La chica resultó ser un éxito, amorosa con el público y buena para las ventas, ese día fue el de mayor ingresos del año.

Fin de semana, tras fin de semana el almacén se llenaba, empezaron vender platos únicos y el local se estaba transformando en un lugar de culto. Muy cansados, cerraron el lugar y abrieron unas cervezas para celebrar, conversaron de sus vidas y Carlos se dio cuenta que hace tiempo que no estaba con una mujer, hace tiempo que no amaba a una mujer y no supo porque sintió que ella era la indicada.

Día a día comenzó a hace de todo para conquistarla, ella coqueteaba con él pero no concretaba nada. Con mucho temor la invitó al cine, aceptó, irían el domingo después del cierre.

Vieron la película, salieron y y se tomaron la mano, caminaron juntos, él la fue a dejar y al despedirse el la besó en la mejilla. Ella lo miró y le dijo: “Ay Don Carlos, esperé todo el día para que hiciera esto y usted no lo hizo”, lo agarro y lo besó. Buenas noches, le volvió a decir, entró y cerró su puerta.

Carlos no podía creer lo que había pasado y se castigaba a cada paso por ser tan idiota. En la noche no pudo dormir, le escribió: ¿Estás despierta? Si, no puedo dormir pensando en usted. ¿Te puedo ir a ver? Carlos veía que ella estaba escribía, pero ninguna respuesta se reflejaba en la pantalla, los nervios lo consumían a cada segundo.

Venga, pero entra por mi ventana, es justo la que da a la calle. Cuando el llegó, ella ya estaba desnuda esperándolo, abrió la cama y lo miró para que entrara, él se desvistió y se acostó, ella puso encima de él y comenzaron a jugar. Caricias, mordidas y besos, se tomaron sus cuerpos hasta que Carlos entró en ella. Al principio desconoció la sensación y al mismo tiempo agradeció de haber vuelto a sentirla. Ella se movía sensual, con fuerza y quejas, que hacían que Carlos se existirá más y más, le hablaba al oído, le contaba de sus fantasías y poco a poco fueron entregándose para llegar a la cima más alta del placer.

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