Hace un par de años, conocí a un héroe sin capa. Iba caminando por el centro de Santiago, si bien era un poco tarde, aún quedaban algunos rayos de sol. De repente sentí un tirón, alguien había robado mi reloj y se había dado a la fuga, comencé gritar y justo pude ver que ya había un chico siguiendo al ladrón, a los pocos minutos vuelve a mí y muy agitado me dice: “Toma, acá está tu reloj”. Por impulso lo abracé muy efusivamente. – “Qué puedo hacer por ti”, ¿Te parece si vamos a comer algo?, aceptó.
El era un poco menor que yo, pero me tenía cautivada su inteligencia y la forma en que desinteresadamente me quiso ayudar. Había venido por pocos días a Santiago a hacer unos trámites y en la noche debía volver a su ciudad.
Comimos, conversamos y tuvimos un momento muy grato, yo quería que pasara algo más, así que de apoco fui guiando nuestro encuentro a una aventura un poco más romántica. El ser mayor que él me hizo sentirme mucho más empoderada de la situación y le pregunté si quería ir a tomar a un bar cercano a mi departamento.
Luego del bar y ya que estábamos cerca, se ofreció a acompañarme hasta la entrada de mi casa. Él a esa hora no iba a encontrar buses de vuelta, era mi turno de ayudarlo. Armamos una cama en el sillón, al desvestirse para acostarse noté que tenía muy buen cuerpo y eso rápidamente me encendió. Luego se acostó, me dio las gracias y yo me fui a mi pieza.
Algo me incendiaba por dentro y me impedía dormir, me levanté por un vaso de agua a la cocina, él estaba despierto también. – “Yo tampoco puedo dormir, le dije”. Miró el techo y soltó un suspiro, me acerqué y le ofrecí agua, aceptó. Tomé su mano y comenzamos a besarnos con mucho deseo, nos acomodamos en alguna posición sin apartar nuestras bocas, comenzó a tocarme y yo a él nos desvestimos, íbamos a comenzar a hacerlo y bruscamente para. – “Perdóname, pero no puedo”. No tengo polola, no estoy siendo infiel, simplemente no puedo ahora”.
Entendí su punto de vista y no quise insistir, le dije que no se preocupara, que de todas maneras podía dormir ahí sin ningún problema y que le estaba muy agradecida por haberme ayudado con el reloj.
A la mañana siguiente, él ya no estaba pero había una nota que decía: “Volveré” y nada más.


