A mi trabajo llegó un chico nuevo, era muy simpático y de un trabajo anterior ya conocía a algunos compañeros, por lo que le fue fácil adaptarse. A la hora de almuerzo lo invitamos a salir con nosotros, se sentó a mi lado y me habló
– ¿Tú eres Daniella Chávez o no? Dijo. Sí, soy yo. Le contesté. Yo te conozco hace tiempo, soy Luis amigo de Ramón.
Quedé un poco sorprendida, Ramón había sido un pololo muy importante cuando era más joven, terminamos porque se fue a estudiar a Argentina y después nuestras vidas tomaron un rumbo distinto, nunca más supimos del otro.
Esa tarde, me devolví con Luis, íbamos conversando, riendo y por sobre todo, recordando viejos tiempos. Cuando llegué a mi casa, me invadió un sentimiento de nostalgia y recordé mis primeras aventuras sexuales con mi primer ex.
Como todo adolescente estábamos con las hormonas alborotadas y lo hacíamos cada vez que teníamos oportunidad. Una vez que les mentimos a nuestros padres y nos fuimos solos un fin de semana a la playa, sin duda fue algo inolvidable. Pude traer a mi mente cada detalle, como cuando nos bajamos del bus, caminamos cargados por el bosque hasta llegar a una casita de madera con vista al mar. Esa noche me vestí de manera especial para él, aunque todo mi esfuerzo terminó en el piso unos minutos más tarde. La luz de la luna entraba por la ventana e iluminaba nuestros cuerpos que se movían con desespero de tanto placer, esa misma luz fue la primera que vio mi cuerpo estremecerse, cuando después de caricias y movimientos perfectos, llegue a sentir por primera vez, el punto máximo de placer.


