Un amigo me invitó a su fiesta de titulación, se recibía de
ingeniería en una prestigiosa universidad del país. Habían
muchos hombres distendidos, pero ninguno de mi agrado, al
terminar la cena todos ya estaban borrachos y desenfrenados,
entonces fui a la barra.
– ¿Muchos jotes? Me dijo uno de los barmans.
– Muchos borrachos, le respondí sonriendo.
– Es que estos cabros son así, se sacan la cresta estudiando para
después quedar hechos papa.
Me quede conversando con él harto rato, a veces llegaba mi amigo y me decía que fuéramos a baila, bailaba un rato y volvía a la barra, la noche avanzaba rápido cuando conversaba con él barman, pero se hacía eterna bailando en la pista.
Con el chico de la barra tuvimos mucha onda , al pasar las horas ya todo daba lo mismo y fuimos a bailar juntos, se pegaba a mi cuerpo con movimientos seductores, eso empezó a encenderme y a crear una película en mi mente: “él y yo una aventura a escondidas entre pasillos, baños y cocinas”.
Su jefe se aproximaba y él rápidamente regreso a su puesto: “Espérame en el baño, me susurró al oído”;, quedé pasmada, sabiendo lo que se venía si tomaba enserio su proposición y creo que por eso mismo fui. Esperé un rato, entraron unas chicas, el barman no llegaba, estaba por salir y apareció.
Inmediatamente nos metimos a uno de los cubículos, los besos iban y venían apasionadamente, la adrenalina nos envolvía y eso lo hacía más excitante, se notaba que él tenía experiencia porque sabía dónde y cuáles puntos tocarme para encenderme y así en cuatro paredes vivimos un romance fugaz, del que nunca más volvimos a saber.

