Un día me junté con mis amigos en casa, a eso se sumaron otros amigos y él amigo de un amigo. Cuando abrí la puerta y lo vi, algo extraño me pasó, tuve una sensación de nervios desconocida y cada vez que lo miraba, me volvía a pasar lo mismo.
Mis nervios no me permitieron hablar mucho con él y al irse, estuve toda la noche y el fin de semana sin poder sacármelo de la cabeza, ¿qué tenía ese tipo que me dejo así?. A la semana siguiente tuvimos otra fiesta y nos volvimos a encontrar.
“Hola”, me dijo.
¿Tú estuviste en mi casa el otro día o no?
Si, ¿cómo estás?
Nos pusimos a conversar toda la noche, me fue a dejar a mi casa y a la mañana siguiente cuando desperté. Tenía un mensaje de él. ¿Te gustaría almorzar conmigo?.
Almorzamos y luego salimos a caminar por el sector, coincidimos en cosas, nos contamos anécdotas y nos reímos mucho, así se nos pasó la tarde. Todo el tiempo sentía ganas de besarlo e imaginármelo hacía estremecer mi cuerpo.
Seguimos caminando por Santiago, él tomó mi mano y me llevó a casa, nos besamos y luego de eso en semanas no supe de él, hasta que un día sonó mi celular. Daniela no me vas a creer lo que pasó mmm no te voy a creer, le contesté. ¿Qué pasó?
Me explicó porqué su celular no funcionaba y por eso no nos habíamos podido comunicar, que lo perdonara y que me tenía una sorpresa. Después de un rato de conversación, me pasó a buscar y nos fuimos de paseo, caminamos hasta llegar a un glaciar, ahí hicimos un pequeño picnic para recuperar fuerzas y armamos una carpa para poder descansar cubiertos del sol.
Al reposar en la carpa, me acosté en su pecho, él besó mi frente y todo empezó a encenderse. Nos besamos, nos tocamos y nos deseábamos con furia, yo solo quería sentirlo en mí, así que a los pocos minutos, estábamos en ese proceso. El paisaje era de ensueño y el estar solos en la nada me relajó al máximo nivel, que solo logré sentir por mi cuerpo tintas de placer.


