Estaba aprendiendo a manejar y mi chico tenía auto así que los fines de semana, siempre me llevaba a practicar. Recorríamos las calles de la ciudad vacías para que pudiese ensayar y él con muy buena disposición me enseñaba todos los trucos para poder aprobar el examen.
Esa tarde, fuimos a un nuevo sector que habíamos encontrado, el lugar se encontraba rodeado de fábricas y como era festivo, el sector era perfecto para que yo pudiese tomar el volante sin problemas.
Me subo al auto, ajusto mi cinturón y comienzo a acelerar, voy buscando calles con algunos
obstáculos para ponerme a prueba, entro a una sin salida y en mi mente cosas muy ardientes empezaron a pasar. Quería seducirlo para aprovechar el momento y tener una aventura sobre ruedas, al parecer él también había pensado lo mismo porque al ingresar y llegar al final de la calle, nos miramos y comenzamos a besarnos sin más.
Nos pasamos al asiento de atrás, él estaba sentado y yo me senté sobre él. El auto no es el lugar más cómodo del mundo para ponerse románticos, pero le agrega una cuota de anécdota a las historias. Los preámbulos con mi chico siempre son increíbles, porque sabe exactamente como llegar a excitar cada parte de mí, luego de muchos minutos y de encontrar la posición perfecta lo hicimos.
Aún recuerdo como me sentía ese día, la situación hacia todo mucho más emocionante, los
vidrios estaban empañados y ambos gritábamos de placer. Aprovechamos la situación para
agregarle un poco más de picardía y empezamos a hacer como una especie de juegos de rol, en donde él era mi profesor y yo su alumna intentando aprobar el examen.
Cuando terminamos, nos quedamos dormidos, al abrir los ojos un guardia se paseaba cerca de nosotros, nos vestimos rápidamente tomé el volante y salimos de ahí. Para mi chico, mi examen estaba más que aprobado.

