[HistoriaHot] El sexy veterinario a domicilio

1866

Mi vecina adoptó un gatito, tan tierno que pasé a ser una especie de “madrina” le compré juguetes, comida y lo cuidé muchas veces mientras Teresa estaba fuera de la ciudad. Un día Marcel, el gato, se sentía muy decaído y Tere muy preocupada me pidió que la acompañara al veterinario.

Esperamos que nos atendieran y con Marcel en su cajita, entramos a la consulta. Él veterinario era estupendo, tanto así que quedamos las dos boquiabiertas unos segundos antes de comenzar a contarle lo que le pasaba al gato.

Él al parecer sabía de su gran atractivo, por lo que solo atinaba a sonreírnos cuando sin querer se nos notaba lo nerviosas. Revisó al gato y nos dijo que solo tenía un resfrío por eso estaba así, antes de irnos nos dio su número para que lo llamaremos por cualquier cosa, él estaba disponible las 24 hrs.

Llegando a casa comentamos lo guapo que era el doc, Teresa buscaba cualquier excusa para enfermar a Marcel y tener que llamarlo a las 2 de la mañana, yo solo la entretuve con su loca idea, y a media noche ya estaba durmiendo en mi departamento.

Me levanto al otro día de lo más normal y después de tomar desayuno, suena el timbre, era Tere. Por su cara, ya me imaginaba lo que podría haber pasado, no pudo más con la ansiedad y a eso de las 2 de la mañana llamó al doctor, Marcel estaba igual, pero tenía un poco de fiebre. Ella empezó a buscarle conversa al chico y al parecer él venía un poco entusiasmado también, se quedaron hablando hasta tarde sentados en el sillón y observando como dormía el gato, se besaron. Él ante cualquier cosa le dijo la gran frase: “yo nunca he hecho esto con alguna de las dueñas de mis pacientes” a lo que ella respondió, que le daba lo mismo si es que era la primera o la quinta vez, que daba lo mismo porque todo quedaba en esas 4 paredes.

Como saben, un beso lleva a lo otro y Teresa rápidamente se quiso aventurar a lo otro, ese hombre la estaba volviendo loca y si lo tenía en su sillón iba a aprovecharlo. Del sofá pasaron a la cama, luz prendida para admirar cada parte del cuerpo del veterinario y así él también se deleitara con el de ella, que estaba más que estupenda y preparada con la mejor lencería, aunque pese a sus esfuerzos, fue lo primero en salir volando.

Envueltos en las sábanas se conocieron como nunca, él besó cada parte de Teresa y ella recorrió cada parte de el de él, agitados de tanto placer pasaron a la segunda fase y por lo que me contaba, era como si siempre se hubiesen correspondido, ya que Teresa nunca había llegado al clímax tantas y tantas veces.

Marcel sanó a la semana, pero el guapo veterinario seguía visitándolos, cuidando así del gato y de su dueña.