Carmen es una amiga que llegó hace unos años desde Colombia, es una mujer muy apasionada por todo lo que hace, tiene un despampanante atractivo y es una hermosa calidad de persona. La acongoja un solo problema, se siente y está totalmente sola.
¿Cómo una mujer así, no va a encontrar el amor?, Carmen siempre responde: yo soy así, me enamoré una sola vez y fue de un chileno, si el destino me vuelve a juntar con él, lo volveré a amar y si no, no quiero estar con nadie.
Con esa declaración solo podía pensar ¿qué le habrá hecho ese chico para dejarla así?.
Un día fui de frente y le pregunté:
– ¿Carmen?
Dime Dani
¿Qué te hizo ese chileno?
Y comenzó a contarme la historia… Se conocieron en unas vacaciones en Cartagena de Indias, él llevaba unos meses recorriendo América del Sur y ella había ido de vacaciones con unas amigas.
En una fiesta en playa tuvieron los primeros acercamientos, conversaron, bailaron y bebieron. Al otro día, la fiesta continuaba, la playa seguía con música y entre la arena y el sol todos intentaban recuperarse del trasnoche. Él se acercó a donde estaba ella y se quedaron juntos un rato, fueron a nadar y después a caminar, no se habían dado un solo beso, pero había una química tan grande que era capaz de darle luz a toda Colombia (palabras dichas por Carmen). El chico debía continuar su viaje, pero en Colombia había encontrado un motivo para quedarse.
Así fue, estuvieron meses viviendo tan solo de amor, ninguno de los dos había sentido algo así y después de un tiempo, por algo que Carmen nunca entendió bien, él tuvo que devolverse a Chile.
¡Tuvieron una última noche inolvidable! Carmen, fue dueña de la iniciativa, comenzó haciéndole un exquisito masaje y al notar que él se excitaba más y más con cada roce de sus manos, jugo a mantenerlo al límite. Lo seducía, le daba y le quitaba, cuando ambos no podían seguir controlando las ganas, todo se desató en un acto de lujúria, cada rincón de la casa fue víctima de la pasión que los desbordaba, Carmen sentía tanto placer, que podía acabar cada vez que él entraba en ella y hasta el más mínimo roce, los hacía estremecer. Juntos, enredados y satisfechos le dijeron adiós a la última noche.
Ella me decía que el sexo de despedida había sido el más intenso, porque se mezclaron los sentimientos y las ganas de disfrutar de algo que quizás nunca más volverían a tener.
– ¿Volviste a saber de él? le pregunté.Al principio hablábamos todos los días, por Skype, por Facebook, por Whatsapp.. Pero la distancia y la incertidumbre de si íbamos a volver a vernos era peor, así que decidí dejárselo al destino.
Años después, el destino me trajo acá. ¿Lo has vuelto a buscar? No aún, pero sé que nos volveremos a ver.
Meses después se encontraron en la salida del metro, no le quise hacer muchas preguntas, no quise conocer el final de esa historia.

