La Pancha pidió un móvil para ir a celebrar mi cumpleaños, jamás reviso los datos y bajó cuando la aplicación le aviso de la llegada del auto. Al subirse notó por el vidrio a un rostro conocido, abrió la puerta y ahí estaba Julian, un chico que
había conocido a través de un amigo, él cual le había gustado mucho pero de un momento a otro se distanciaron y no llegaron a puerto.
Conversaron animados en el trayecto hasta el bar, él le ofreció pasarla a buscar cuando quisiera y que después fueran por ahí a terminar la noche, la Pancha no estaba muy convencida , pero si entusiasmada con la idea así que de igual forma le dijo que sí.
Llegó a mi cumpleaños, estaba un poco nerviosa, al rato se acercó y me contó lo que había pasado. Antes de que se acabara la celebración, mi amiga ya estaba tomando el ansiado carruaje que la llevaría de vuelta.
Lo que siguió después fue que: Julián paso a dejar el auto a su departamento, muy cerca había un bar, fueron caminando y juntos comenzaron a disfrutar la noche, hablaron de lo que había pasado aquella vez y el porqué se habían alejado. Aún así cuando las cosas tienen que ser, el destino se encarga de que pase y no importa cómo, pero te vuelves a encontrar.
El amanecer los pilló en una banca con un par de tragos de más y juntos vieron como se asomaban los primeros rayos de sol. Julian la invitó a su departamento, para que después de un rato y en mejores condiciones pudiera llevarla a su casa.
Llegaron donde él, Pancha se tendió en el sillón y se tapó con una manta. Habían tenido mucha química en el encuentro, sin embargo, ninguno se había atrevido a dar el primer paso. Cuando Julián entró a su cama, se paro de inmediato dirigiéndose al sillón, quería pedirle a ella que durmiera juntos y así volver a sentirse cerca una vez más. Solo era cosa de que entraran en esa cama para que ambos tomaran la iniciativa que tanto les faltaba y así, la cama se desparramo, la ropa flotaba en el piso, la vergüenza se hizo a un lado, entre movimientos y roces exactos recuperaron el tiempo perdido.

