Mi vecina era una chica joven que estaba en tercero de la universidad, pese a que yo era unos años mayor que ella nos llevábamos muy bien y estábamos forjando una linda amistad. Previo a los exámenes se enfermó de amigdalitis y aparte de perder asistencias, se estaba perdiendo todos los repasos previos a las fechas de las calificaciones. Era muy guapa y se moría por un compañero de sección.
Un día iba saliendo de mi departamento y veo al chico tocando el timbre de su puerta. Hola Damian, le dije.
Hola Dani, ¿está muy mal Valeria?
Ahora un poco mejor, porque le dieron antibióticos.
En eso la Vale abrió la puerta, me vio, guiñó un ojo y entraron a su departamento.
“¡No te imaginas lo agradecida que estoy de que hayas podido venir!” le dijo acercándose coquetamente. Le sirvió un vaso de agua y comenzaron a conversar de las novedades de la clase, ella se perdía en cada explicación, hasta que no se aguanto más y se aventuró intentando robarle un beso.
El chico también gustaba mucho de Valeria , por lo que le correspondió de manera inmediata a ese sensual impulso. Primero fueron solo besos, luego roces, manos y una necesidad incontrolable de sentirse piel con piel. Se desvistieron, él estaba un poco nervioso frente a la forma en que Valeria controlaba la situación, pero decidió por una vez dejar de pensar y solo dejarse llevar.
Pese a que la falta de experiencia de Damián era evidente para una chica como Valeria, no pudo resistirse a las caricias, a sus besos por todo el cuerpo y todo ese juego del que él se hizo cargo.
Cuando Damián entró en ella todo quedó más claro y la forma en que se movía la hizo suspirar, Valeria estaba tan concentrada en los detalles que él tenía al hacerlo, que solo pudo pensar, que tras tanto estudiar el acto, el chico se volvió un maestro.


