No escupas al cielo, porque te cae en la cara. Este dicho popular es cierto, sobre todo porque al pasar el tiempo, las cosas cambian y eso que pensaste que jamás podría pasar termina por pasar. La historia de hoy es de mi amigo Luis, nos conocemos desde chicos, vivimos en el mismo barrio, fuimos al mismo colegio y nos convertimos en inseparables. Cuando entró a la universidad conoció a la Javi, una compañera con la que andaba para arriba y para abajo, yo siempre le preguntaba:
– Y ustedes ¿por qué no pololean? Ay Daniela, na que ver la Javi es mi amiga, jamás me metería con ella
– Pero si se gustan po, ¿por qué no pololean? Con la Javi no, eso si que no. Así estuvimos por años, incluso llegué a pensar que Luis podía ser gay. En fin era tan evidente esa atracción entre los dos que nadie podía entender porque no estaban juntos de una vez. El tiempo pasó, yo me fui a vivir fuera de Chile y por primera vez nos distanciamos. El estar lejos y mis horarios de trabajo hicieron difícil que tuviésemos la misma comunicación de antes, sin embargo yo siempre estaba pendiente de sus pasos.
Cuando volví al país Luis me fue a buscar al aeropuerto, me subo a su auto y me dice:
– ¿Te acordai de la Javiera?
– Obvio que sí ¿Qué paso?
– Va a ser mamá
– ¿Cómo estás con eso?
– Bien, porque el papá soy yo.
– ¡Qué! ¡Felicitaciones! ¿Cómo pasó?
-“Como se hacen las guaguas po Dani, no nos veíamos hace como dos meses y un día la fui a buscar a la pega. Salimos a comer, luego a tomar y después de años, esa noche recién empecé a mirarla de otra forma. Se había convertido en una mujer grande, inteligente, linda y resuelta. La cosa es que terminamos en su dpto bailando y tomando vino, esa noche no pasó nada, pero dormimos juntos y nos abrazamos en la mañana”.
-“La seguí buscando por días, volvimos a juntarnos y la invite a mi depa. Como si fuese una película, justo saliendo del ascensor nos besamos, abrí la puerta entramos directo a la pieza, nos tendimos en la cama buscando el momento para hacer el amor, estábamos tan nerviosos que nos empezó a dar un ataque de risa, pero eso hizo más especial el momento.
Nunca la había tocado, nunca había sentido de esa forma su cuerpo y solo quería hundirme en el para que ella disfrutara, para darle todo lo mejor de mí. Sus caderas se movían lento sobre las mías, la veía sonreír de placer, su pecho se movía perfecto, quería que estuviese en el cielo e irme con ella. No te quiero dar más detalles, solo te puedo decir que fue tan increíble, que lo mejor del mundo va a salir de eso y con la mujer que tanto negué, voy a ser feliz.
Así fue como la historia de Luis me dejó esas enseñanzas: no escupas al cielo, nunca digas nunca y un montón de otros refranes que nos hacen pensar que por la boca muere el pez.

