Las cosas pasan cuando uno menos tea lo esperas y así fue para la Jechu mi prima menor. Salió con sus amigos una noche de fogata en la playa, y sí, todos sabemos que las historias playeras tienen mucho que contar.
Mientras ella cantaba emocionada una antigua canción, miraba de reojo al chico que le gustaba, él parecía no darle mucha bola y conversaba efusivamente cualquier niña que pasara cerca.
– Hola, ¿tienes fuego?
– Si toma, le dijo a un tipo que amistosamente se acercó a ella.
El agarro el fuego y se sentó al lado, le ofreció un cigarro, la Jechu aceptó, empezaron a conversar y rápidamente engancharon, tenían muchos temas en común, habían viajado a los mismos lugares y durante un muy buen rato, nunca existió un silencio incómodo entre ellos.
Siguieron en la fogata y el chico que no la había pescado empezó a mirarla y buscarla, ella había perdido fugazmente el interés en él, pues el tipo que llegó a su lado quizás no era tan guapo, pero tenía tema, era interesante, genuino y amable.
La noche transcurría, ellos seguían en su mundo, se apartaron un poco para ir en busca de hielo.
La Jechu siempre ha sido torpe con los pies y con un poco de vino más torpe se ponía y bueno, caminando por la arena se tropezó y cayó, él lejos de ayudarla a pararse, empezó a morir de la risa y se tiro al suelo con ella, ambos seguían acostados riendo. Esa noche se besaron sin parar.
A la mañana siguiente, se encontraron en los baños del camping, conversaron y ya había mucha onda, quedaron de juntarse a almorzar, al rato se fueron a una playa escondida y llevaron cosas para hacer un picnic. Comieron, se metieron al mar, nadaron juntos y disfrutaron de la tarde.
Al caer el sol, hicieron una pequeña fogata y se recostaron alrededor, el mar y la arena invitaban a que estuviesen cada vez más cerca. Se besaron y se encendieron en dos segundos, comenzaron a acomodarse para tener un gran encuentro en la playa, el problema es que no contaba con ningún tipo de protección, pero todos sabemos que esa no es la única forma de pasarlo bien.
El comenzó a bajar por su pecho hasta llegar a lo más profundo de su ser, ella estremecía, su cuerpo iba poco a poco sintiendo pequeños choques eléctricos que la iban llenando de placer. Esas vacaciones la Jechu tuvo su primer loco amor de verano.

