
Lía es una conocida mía que hace muy poco tiempo llegó a trabajar a Chile. Como no tenía muchas amistades, decidió empezar a hacerlas a través de una aplicación. Los primeros encuentros fueron muy safados , los hombres solo querían sexo, sexo y sexo.
Después de hablar semanas con un chico, decidieron juntarse, ella esperaba no volver a decepcionarse, poder tener una tarde entretenida y conversar. Así fue, se juntaron pasearon, comieron, se rieron y al cabo de unas horas Lía volvía a su casa.
Siguieron hablando y en la segunda cita, salieron de noche y hubo mayor coqueteo, se besaron en la puerta cuando la fue a dejar, pero fuera de eso no pasó nada más. Lo bueno, es que no perdían el contacto y cada vez estaban más cercanos. Llegó la tercera cita y como todos, Lía entendía el cliché de lo que podría pasar. Así que, se puso la lencería más sexy, el vestido más ajustado y tacones. El puntualmente la pasó a buscar, había mucho nerviosismo y tensión, ellos sabían que ese día irían más allá.
Todo fue de película, la llevó a su casa, ella lo hizo pasar, tomaron algo, siguieron conversando, pusieron música y comenzaron a besarse. Primero un poco tímidos, pero el fuego rápidamente se encendió, la tomo en sus brazos y la llevó a la cama.
Con mucha delicadeza comenzó a desvestirla y a observar cada parte de su piel morena que contrastaba perfecto con la ropa interior. Lentamente toco su abdomen, su pecho, sus piernas, sus muslos, Lía estaba derretida y hace mucho tiempo no se sentía así. Lo tumbo en la cama para ponerse sobre él, ahora era su turno de seducción, empezó con besos en el cuello y fue quitándole la camisa, él abrió su pantalón y se envolvieron en el juego, besos, manos, roce y mucha piel dieron paso a una noche inolvidable.
Lía tomó el control y él se dejo llevar por la audacia de sus movimientos, la química invadía esa habitación y un mar de sensaciones había logrado apoderarse de ella. Esa corriente de placer los condujo a convertirse en uno, la adrenalina recorría sus cuerpos y estallaron en gritos como en una montaña rusa. Al día siguiente él le llevó el desayuno a la cama, Lía había encontrado un motivo por el que quedarse un tiempo más en el país.

