Un compañero de trabajo estaba obsesionado con conquistar a la chica que toda la vida le gustó en el colegio. En su plan siempre estuvo estudiar una buena carrera pensando que así ella podría por fin fijarse en él, pero nunca fue, pese a todo el éxito que él ha demostrado, ella sigue con su pololo de 4to medio.
Un día recibió una noticia, no sabía que hacer cuando se enteró que por fin el amor de su vida había terminado con su eterno príncipe azul, nunca fue capaz de armarse de valor y hablarle, en cambio decidió meterse a un taller de autoestima y conquista, para así poder tener todas las herramientas y que ella cayera a sus pies.
Al terminar el curso de 45 días se sintió preparado para por fin invitar a salir a la chica que le quitaba el sueño. Le mando un inbox a través de Facebook ya que era la única forma de contacto con ella.
“ Hola Josefa, tanto tiempo soy Ricardo Valdés, me he acordado mucho de ti estos último días, ¿qué ha sido de tu vida? Avísame si algún día de estos te parece ir por un café. Un abrazo!.”
A unos 40 minutos, Josefa le contestó:“ ¡Ricardito! tantos siglos, yo bien, retomando mi vida y con hartos proyectos nuevos. Me tinca mucho verte, ¿puedes el jueves a las 19:00? Me cuentas.”
A esa hora en punto, estaba tocando el timbre de su casa con su mejor auto y su mejor pinta, tenía que demostrarle a Josefa que era un hombre exitoso, ella en cambio iba muy sencilla pero hermosa, no muy distinta a como la recordaba Ricardo, la única gran diferencia es que ahora ella era una verdadera mujer.
-¡Josefa, que gusto de verte!
-Hola Ricardo que estás cambiado
-Tú estás igual de linda que siempre.
Ella se sonroja. él le abre la puerta del auto y se van. Tuvieron una cita en donde se contaron la vida, luego cambiaron el café por unos tragos y terminaron comiendo completos en un carrito. Ricardo no podía estar más a gusto con ella, se sentía con poder pero a la vez simple y auténtico, ella era tan real que lo hacía olvidar sus enseñanzas de conquista y los aires de superioridad con qué pretendía embaucarla.
La fue a dejar a su casa y solo esperaba que Josefa lo hiciera pasar, pero antes de bajarse le dice:
Sácame de aquí Ricardo por favor
-¿Dónde quieres que te lleve?
-Donde sea, pero no quiero estar acá, por favor.
-Ok, iremos a mi casa. Hay espacio de sobra ahí.
Entraron a la casa, ella miraba con asombro todo lo que Ricardo tenía y en ese entonces todo la sorprendía.
Pasa por aquí, esta es la pieza de alojados. Te voy a traer una camisa mía para que puedas dormir más cómoda.
Le llevo la camisa y muy nervioso salió de la pieza, ella lo siguió y coquetamente le dijo:
-¿Cómo me queda? (En verdad se veía muy sensual)
-Te queda súper bien, es cómoda esa camisa.
Ambos empezaron acercarse, ella lo tomo de la mano y le pidió que le mostrara la casa. Hicieron el amor en cada rincón de ese lugar, marcando para siempre la pasión que hubo en cada roce de piel, en cada caricia íntima, en cada beso escondido y en cada movimiento de placer.

