Cuando estábamos en el colegio tuvimos un profesor en práctica, él chico era guapo y tenía a todas las niñas vueltas locas. De edad era un poco mayor que nosotras y el morbo de conquistar a un profesor se apoderó de la histeria colectiva femenina. Cuando terminó su pasantía, nunca más supimos de él pero las más osadas lo agregaron a Facebook.
El año pasado se hizo una celebración con ex alumnas, profesores y por supuesto también estaba invitado nuestro apuesto profesor y muchas de las chicas estaban impacientes por volver a verlo. Verónica era su eterna enamorada, juntos tenían una gran química, ella era una chica preciosa y muy inteligente, por lo que rápidamente hizo caer al profesor en sus encantos, aún así, nunca concretaron nada. Cuando él entro en el salón, noté su nerviosismo y se reconocieron con tan solo una mirada.
Comenzó la cena, la proyección de videos, los discursos de profesores y alumnas. Llegó el turno de hablar de Verónica y no estaba por ningún rincón del salón, la fui a buscar. Primero en el baño, luego en algunos pasillos y a lo lejos diviso que una de las salas está semi abierta, miro silenciosamente y veo que él le subía el cierre del vestido. Toqué la puerta Verónica se asomó y le dije que todo el mundo estaba preguntando por ella. salió de la sala y solo me dijo: “Daniella de esto a nadie, ¿me escuchaste?” Luego de un rato se acercó a hablarme: “Dani perdona por haber sido tan pesada, pero me puse muy nerviosa. Yo estoy apunto de casarme pero lo que me pasa con Octavio siempre ha sido una atracción fatal, por miedo nunca nos buscamos afuera y yo preferí dejar el tema con él hasta ahí, sin embargo hoy al verlo no pude evitar sentir todo lo que me pasaba cuando era más chica y al parecer él también. Las cosas simplemente se fueron dando y terminamos aquí, en donde nos conocimos. Siendo franca nunca me había sentido así, ni siquiera con el hombre que me voy a casar me pasó algo parecido, su piel, su boca, la forma en que me tocaba, como se movía sobre mí, todo me hizo estremecer y replantear mi decisión ¿Qué opinas tú?”
Solo atiné a darle un abrazo, da lo mismo lo que yo pensara, ella ya había tomado su decisión.

