En estos tiempos en los que no me he sentido bien, y donde colapse por stress, he descubierto tantas cosas que me daría para varias columnas. Esta vez, sin embargo quiero enfocarme en un solo punto de este proceso.
Dentro de las muchas cosas que hago mal, no se reconocer las claves intermedias del cansancio y de verdad no me di cuenta que se estaba generando en mi una enfermedad y menos una alteración metabólica por stress.
Si hoy recuerdo y miro hacia atrás, parece muy claro que esto se venía formando en mi hace más de un año y medio. Partió con síntomas leves y al parecer poco importantes, tenía por ejemplo derrame en los ojos casi todas las semanas o cada quince días. En ese síntoma puntual fui por supuesto al oftalmólogo quien me hizo miles de exámenes del ojo y de mi visión y llego a la conclusión que no tenía nada, me dio unas gotitas y me dijo que podía ser cansancio. Posterior a eso me dieron arritmias frente a las cuales fui a un cardiólogo quien también en su especialidad me hizo muchos exámenes y llego a la conclusión que mi corazón funciona bien y que las arritmias podían ser nerviosas. No les voy a seguir contando la cantidad de síntomas que tuve o que tengo aun pero aquí me quiero detener.
Reconozco que el gran error fue mío, al no saber observar mi cuerpo, al no saber detenerme y mirarme pero tengo que observar que la medicina actual no ayuda en nada en estos procesos. Hasta que no llegue donde una doctora sabia, que fue capaz de mirarme entera y preguntarme hacia atrás o simplemente como estaba yo en el último tiempo, no se pudo hacer un diagnostico global que de verdad me mirara como ser humano y no solo mi ojo o mi corazón según les conté.
Hoy la medicina esta tan fragmentada que ya nadie nos ve completos, se mueve una industria tan enorme detrás de cada paciente que parece hasta poco rentable que se nos pregunte al alma y no solo a ciertos órganos.
Todo parece estar tan sometido a los exámenes, a imágenes y tantos posibles diagnósticos que parece solo un cuento nostálgico aquel medico que conocía todas las redes familiares y sus secretos y que con solo tocar la frente de un niño decía 37.8 de fiebre y donde casi nunca cometía un error.
Es verdad, que es tarea de todos escuchar nuestro cuerpo, y entender que el cuerpo grita lo que uno no habla, pero también es cierto que necesitamos con urgencia una medicina que escuche, que mire a los ojos, que responda dudas y no solo se someta a protocolos.
Necesitamos una medicina que abrace, que nos mire completos y que se dé el tiempo de conocer nuestras historias.
Esperanza me da la nueva especialización de medicina familiar que tiende a mirar las cosas y las enfermedades desde una mirada mas holística y emocional. En ese sentido recomiendo leer el libro La enfermedad como camino, sin duda una forma maravillosa de entender el camino de la salud.
Yo seguiré mi camino de sanarme, aprendiendo todos los días que todo sale de mi y si no estoy bien nada bueno podrá salir para entregar. Caminare escuchando mi cuerpo y decidiendo ser feliz para entender que esto es lo mejor que me pudo pasar y que las cabezas duras como yo no entendemos de otra forma para aprender a parar.
Como me dijo un amigo muy cercano, me enferme por la pasión que le pongo a lo que hago, pero le pido a los médicos , a muchos pero afortunadamente, no a todos, que vuelvan al origen de su vocación, que nos vean como seres humanos y que nos escuchen mas allá de nuestros síntomas. Puede no ser tan rentable pero es el mas profundo sentido de la palabra salud.

