Una de las mejores formas de lograr el equilibrio y disminuir las situaciones estresantes del día a día es practicando una meditación temprana, que pueda ayudar a nuestro cuerpo y espíritu.
Al principio puede darnos la sensación de que se trata de otra actividad más con la que recargar nuestra agenda. Sin embargo, verás rápidamente beneficios. Para ello debemos conseguir crearnos un hábito.
Practicar la meditación de la mañana debe ser constante, siempre a la misma hora y con una duración igual cada sesión que realicemos. Si variamos horarios o duraciones dificultaremos la obtención de los frutos físicos y espirituales que andamos buscando.
El primer paso básico es levantarse temprano. Más de lo que lo hacemos habitualmente. La meditación lleva su tiempo y no podemos estar pendientes todo el rato de salir corriendo para ir al trabajo. Lo mejor es despertarnos media hora antes, para no tener prisa así en hacer nuestra práctica.
Busca un lugar que te resulte acogedor, cálido, propicio para recibir energía positiva. Por lo tanto podrá ser tanto un rincón de casa como un patio exterior. Básicamente un sitio donde encontremos la paz y silencio necesarios para realizar la meditación de la mañana. La limpieza del lugar favorece a lograr la concentración necesaria para relajarnos.
Nos situaremos lo más cómodo posible en el sitio elegido. Si nos sentamos en el suelo y nos resulta demasiado duro podemos servirnos de un cojín. Lo importante es tener la espalda recta y el cuerpo relajado. Viene muy bien ducharse antes de practicar la meditación de la mañana ya que predispone el cuerpo positivamente.

A continuación cerramos los ojos, total o parcialmente, enfocando la mente en nuestra respiración. Hay que respirar de forma natural por la nariz. Dejamos la mente en blanco, libre de distracciones, tan sólo tenemos que respirar. En el caso en el que nos vengan otros pensamientos a la cabeza tendremos que focalizar la atención en la respiración.
Por último, es muy útil colocar un reloj cerca, que aunque no lo veamos tenga conectada una alarma que nos avise del momento de finalizar el ejercicio. La habitualidad del mismo hará que al final ni nos haga falta porque ya tendremos absolutamente controlados los tiempos.
La mejor manera de reducir el estrés y aumentar la concentración para el día que empieza es dedicar un tiempo a la meditación de la mañana.

