En el 2010 un grupo de investigadores analizaron los genes específicos responsables de la adaptación a la gran altitud de los tibetanos. Estos científicos de China, Dinamarca y de la Universidad de California en Berkeley fueron capaces de identificar los genes con mutaciones que son muy comunes en los tibetanos, pero muy poco frecuentes en las poblaciones de las tierras bajas. La investigación ayudó a los científicos a entender cómo el cuerpo se comporta ante la falta de oxígeno y las enfermedades asociadas a la falta de oxígeno en el útero.
Pero la realidad es que los científicos de tal descubrimiento no han sido capaces de establecer el verdadero origen del extraño gen de los tibetanos. Y esta falta de conocimiento dio paso a diversas teorías que exploraban la posibilidad de que seres extraterrestres vinieron a la Tierra en la antigüedad. Según creen algunos expertos, cierta raza extraterrestre huyó de su planeta moribundo y llegó a la Tierra, estableciéndose en el Tíbet, donde las condiciones de vida eran muy parecidas a las suyas, es decir, zonas con una atmósfera tenue y baja temperatura. Esto explicaría perfectamente las diferencias y peculiaridades mentales de los tibetanos que son considerados como los abanderados de la espiritualidad humana. Así que para muchas personas los tibetanos, descendientes directos de la raza extraterrestre. fueron los causantes de los modernos puntos de vista filosóficos de la civilización extraterrestre. Incluso la teoría afirma que también es posible que el Tíbet esconda archivos relacionados con la existencia de seres extraterrestres, así como muestras de su arte, por lo que no es casualidad que investigadores y militares estén altamente interesados en el Tíbet.
Y no podemos obviar el descubrimiento de un extraño artefacto tibetano por una expedición dirigida por el famoso investigador alemán Ernst Schäfer, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Al parecer resultó que los nazis encontraron algo más importante de lo que creían. Una figura de hierro de 10 kg de origen budista y creada a partir de ataxite extraterrestre, una clase muy extraña de hierro con un alto contenido en níquel procedente de más allá del planeta Tierra. Los expertos consideraron que era una práctica muy común en muchos pueblos tibetanos venerar fragmentos de meteoritos o artefactos elaborados a partir de ellos, ya que los consideraban una parte de ellos mismos. La escultura posiblemente representaba al dios budista Vaisravana, sin embargo, los detalles históricos y etnológicos de la escultura del “hombre de hierro”, así como la fecha de su fabricación, continúan siendo un misterio. Algunos expertos afirman que el origen extraterrestre de los tibetanos también les proporciona acceso a ciertos poderes psíquicos como la visión remota que no es nada extraño en los monasterios tibetanos. Durante miles de años la visión remota, además de otras actividades espirituales, han dominado la cultura tibetana. Según los expertos, algunos tibetanos tienen la capacidad de predecir eventos como nuestra autodestrucción.

