Hay días que podemos mirarnos al espejo y sentir que no nos reconocemos, que no estamos cómodos, o simplemente, que aquello que vemos, no nos identifica.
Independiente de nuestra ropa, cremas caras o colores combinados y perfectos, a veces nuestra imagen no es precisamente lo que queremos ver. Pero ojo, no precisamente esto se debe a lo estético, sino más bien, una cuestión de ánimo, que condiciona nuestra percepción normal.
A veces estos cambios se pueden dar por el avance de los años, y debemos asumir que sí, es normal y bueno mutar, pues nuestra edad avanza, pero entendemos que en el fondo seguimos siendo los mismos.
Cuando nos sentimos disconformes, se recomienda ir cambiando lentamente, no radical, de manera de ir encontrando poco a poco nuestro estilo y acomodarnos a él. Trata de reforzar lo que te queda bien, como una carta segura, e ir probando poco a poco hasta que encuentres tu comodidad.
Sin lugar a dudas, en la medida que nos sentimos mejor, también nuestros ojos nos verán de mejor forma, pues muchas veces lo que necesitamos no es un cambio de look, sino un cambio de vida, en donde la alegría y la confianza en sí mismo, sea la tónica de cada momento.

