Pese a lo que afirma la historia oficial, John F. Kennedy no fue asesinado por una sola persona, que actuó en consecuencia a su delirio, sino que se trató de una intrincada operación conspirativa que buscaba detener los planes de paz del entonces Presidente de Estados Unidos, quien entre otras cosas se negaba a participar en la Guerra de Vietnam. Y no sólo eso, ya que, por aquel entonces, JFK ya había apuntado con el dedo a los Poderes Fácticos.
Estos, temerosos de no tener a tan importante mandatario bajo su total control, decidieron ponerle fin a su rol como el hombre más poderoso e influyente del planeta, a través de un crimen que nos sigue resultando tan insólito como espectacular, a vista y paciencia de todos sus seguidores.
Se dice también que, además de sus políticas de gobierno, fue un discurso presidencial en particular el que desató las alarmas de los Poderes Fácticos que le dieron fin. He aquí parte de lo que JFK le confesó al mundo, cavando entonces su propia tumba.

