Cuando María Pereira, residente de Bélmez, notó una mancha en el suelo de su cocina el año 1971, no tenía idea que su caso se convertiría en uno de los fenómenos paranormales más fascinantes y mejor documentados de todo el siglo XX, “Los Rostros de Bélmez”. Sin ninguna causa aparente, la mancha comenzó a moldearse por un tiempo hasta que finalmente se formó en un rostro, aterrorizada por el hecho, María intentó quitarla varias veces frotando vigorosamente, sin embargo, todos sus esfuerzos demostraron ser inútiles, por lo que pidió la ayuda de su esposo Juan y su hijo Miguel. Juan junto a su hijo, sacó esa parte del suelo con una piqueta y cimentó uno nuevo en su lugar. Esto aparentemente fue la solución, ya que por alrededor de una semana todo parecía haber vuelto a la normalidad, pero el rostro volvió a aparecer.
Ante esta situación, los Pereira no querían rendirse y querían deshacerse de la escalofriante mancha, mientras tanto cuando el alcalde se enteró del “rostro de Bélmez”, como se le apodó, tomó medidas para asegurarse de que la imagen no se destruyera. En su lugar, lo removieron cuidadosamente para estudiarlo. Cuando los topógrafos llegaron a la propiedad, se tomó la decisión de excavar la cocina. Enterrados casi 3 metros debajo del piso de la cocina había algunos esqueletos. Algunos de estos no tenían cabeza. Antes de que todos estos esqueletos fueran enterrados nuevamente en un cementerio católico, los rostros de Bélmez fueron fechados alrededor de hace 700 años. Pasaron un par de semanas hasta que apareció otra cara, una diferente a la anterior, y luego, en lugar de una sola cara aparecieron múltiples rostros en el suelo y algunos con su cuerpo. Una cara se mostraba prominente en el piso de cemento para luego ser reemplazada por otra. Algunas veces esta regeneración ocurría en tan solo horas.
Se descartó que se tratase de un engaño por parte de la familia. Quizás los rostros se podían estar formando a través de una habilidad psicoquinética, la cual le permitía a una persona proyectar imágenes sobre una superficie, ya sea deliberada o accidentalmente. Para que este sea el caso, entonces la principal sospechosa sería María Pereira. Los estudios de los rostros hechos por académicos demostraban de que muchas de las expresiones reflejadas en el suelo eran parecidas a las de María. Otra pista usada contra ella fue el hecho de que las caras tendían a aparecer mientras la mujer estaba presente. Una mañana del año 2004 se produjo un argumento en contra de esta propuesta. Por desgracia, María Pereira falleció. ¿Y qué ocurrió con las caras de Bélmez? Continuaron apareciendo en el suelo de la cocina, como muestra, para muchos, de que María no era la responsable de las apariciones. Quedando los hechos nuevamente como un fantástico enigma.

