Las fragancias son generadoras de sensaciones y evocación a la memoria, ayudándonos a traer al presente aquellos momentos apreciados por nuestros recuerdos, a través de olores afines y familiares.
Si bien, los gustos a cada olor son particulares, lo cierto es que hay ciertos estándares que reflejan un cierto acuerdo, como al enfrentarnos al olor a basura, en donde nos parecer olor a sucio, contrastando al de recién salido de la ducha, como limpieza.
Una de las fragancias más apetecidas por el nicho masculino, son los de la familia de la madera, que se extraen de aceites esenciales de los árboles, en algunos casos extraídos de forma natural, a través de la maceración y destilación de la materia prima, y en otras oportunidades son producidas sintéticamente.
Las notas amaderadas son variables, pues hay algunas frescas como las hechas a base de pino, que dan un aire limpio y que evocan la primavera; otras como el cedro nos aporta el aroma característico del lápiz nuevo; el bambú aporta relajación, equilibrando cuerpo y alma; el sándalo y vetiver con una intensidad enigmática con un dejo dulzón, en contraste con el gaiac o roble, que conectan con la tierra y la introspección.
Muchos de los perfumes contienen notas maderosos, pues tal como los árboles, se asocian a lo robusto y fortaleza, destacándose por ser imponentes y clásicos.

