Julia mi vecina y amiga, se cambiaba de departamento, tocó mi puerta el último día y entre abrazos y algunas lágrimas nos dijimos adiós. Le pregunté si se había despedido de todos me responde que casi todos, solo faltaba Daniel.
Con él tuvo una gran romance, se enamoraron, viajaron e incluso vivieron juntos un tiempo. ¿Te vas a despedir de él? Si, me respondió mirando al suelo. El timbre de Daniel sonó, abrió la puerta como si recién despertara de una siesta.
– Hola Daniel, me vine a despedir. Me cambió de departamento. Le dijo Julia.
– ¿Cómo que te vas? le contestó muy sorprendido y la hizo pasar.
Julia miraba con nostalgia el departamento, millones de recuerdos comenzaron a aparecer no pudo evitarlo y abrazó a Daniel con fuerza, ella lloraba y él con cariño trataba de tranquilizarla, pero la emoción fue inevitable y también lloro.
¿Vamos a tomarnos un café? Nos hará bien conversar. Dijo Daniel. Salieron, conversaron y trataron de solucionar sus problemas, al volver al departamento se
despidieron de verdad. ¿Dónde te quedas esta noche? Tu departamento está vacío.
Sí. Me iré a un hotel. Le respondió Julia un poco seria
Daniel le tomo la mano y le pidió que se quedara con él una última noche, ella aceptó. Pidieron comida, vieron un película en el living, se abrazaban tanto que se notaba que no querían dejarse ir y así pasaron horas, hasta que el sueño los empezó a invadir y Daniel decidió cederle su cama y ella le dijo que si, pero solo si él dormía a su lado una vez más.
Conversaron frente a frente, un par de besos se escaparon y se quedaron dormidos, en la madrugada ambos se despertaron casi al mismo tiempo y la lujuria se apoderó de sus cuerpos que danzaban al unísono, buscando sensaciones extremas de placer, el mínimo roce excitaba a Julia haciéndola expresar en gemidos todas las sensaciones que Daniel le hizo sentir por última vez.


