Estaba de vacaciones en la playa con mi prima Tamara, por el día disfrutamos horas bajo el sol y por la noche, bailábamos en la disco sintiéndonos las reinas de la pista. En el balneario donde nos estábamos quedando habíamos hecho algunos amigos y de a poco fuimos formando nuestro grupo de salidas, como era de esperar los amores de verano se hacían presentes y las primeras parejas se empezaron a formar.
Uno de los chicos de nuestro grupo se empezó a acercar mucho a la Tamy, pensé que la estaba conquistando, porque se notaba mucho el interés en ella, sin embargo toda mi intuición era errónea, ya que él se había acercado a mi prima para conocerme a mí.
Pese a que el chico era muy guapo, no teníamos ninguna química, no teníamos temas en común y hasta chocábamos un poco en cuanto a la forma de pensar, pero entre Tamara y él había una conexión innegable.
Las fogatas, las noches de canto, baile y todo eso que involucra las vacaciones en la playa,
creaba la onda perfecta para el romance. El chico insistía con acercarse a mí y nunca entendí porque, ya que era evidente que no nos gustábamos, ni teníamos interés.
Nos invitaron a una fiesta en casa, fuimos con nuestro grupo, preparamos comida, tragos
playeros, bailábamos todas las coreografías de moda y de repente me doy cuenta que mi prima no estaba, la busqué por todas partes y no nada, solo me faltaba un lugar y me daba miedo enterarme de lo que podía estar pasando. Toqué la puerta y abre ella asomando solo la cabeza: ¿Qué onda Dani? ¿Qué onda tú Tamara? Le digo un poco exaltada ¿Con quién estás?. Lo que pasa es que Pedro se sentía un poco mal y lo vine a acompañar. Me dijo muy nerviosa. Ah, ¿sí? Entonces si ya se durmió, vámonos porfa que tengo sueño. Le dije solo para que me contara la verdad.

No es que no está durmiendo todavía, pero a penas se quede dormido nos vamos.
Ay Tamara no nací ayer, ¿por qué no sales y me dices la verdad? Forcejeo la puerta y me doy cuenta que la Tamy solo se tapaba con una toalla y le digo: Eres bien mentirosa Tamara, me río y me voy. A mi prima no la vi más durante toda esa noche, no quise molestar y esperé que me contara cuando estuviese lista. Como era de esperar, perdió su virginidad y a diferencia de casi todas las primer veces, la de ella fue realmente perfecta e inolvidable.
La química de sus cuerpos hizo una selección de natural, se tocaron con tanta magia que me juró haber sentido más de una ola de placer recorriendo su cuerpo. Cuando él entró, ella sintió que la completaba la pieza del rompecabezas que faltaba en su vida y así Tamara siguió hablando y alucinando por horas, y yo solo pensaba en que mi intuición femenina nunca falló.

