Subiendo el cerro y en medio de la naturaleza las hormonas se alocan y cualquier lugar de descanso te parece el mejor para llevar la aventura más allá.
Llevaba un par de meses saliendo con el que en ese entonces era mi pololo y decidimos darle un poco de deporte y aire libre a nuestra relación. Al fin de semana siguiente subimos el cerro, íbamos equipados e incluso con una carpa pequeña por si queríamos pasar brevemente la noche, dormir una siesta o hacer algo más.
Si bien siempre me he preocupado en mantener mi estado físico, estaba muy cansada y él me distraía constantemente, me encendía mucho verlo como un verdadero aventurero, sudado, sin polera y guiándome por el camino. Pensaba en tenerlo a cada segundo, veía pasto, árboles, el camino, todo me hacía querer abordarlo y empezar a insinuarle que me hiciera suya. Hasta que sinceramente, no aguante más.
-Amor, ¿descansemos aquí un ratito?
-Pero Dani, no nos falta nada para llegar al otro lado
-¡Ay pero por favor! 5 minutos
Se sentó a mi lado, seco su sudor, le sonreí de forma insinuante y comencé a besarlo, primero lento, después con un poco más de pasión, de a poco íbamos acomodándonos para que nuestros cuerpos fuesen parte de ese magnífico paisaje, la vista era perfecta y en medio de ríos y bosques, solo existíamos nosotros dos.
Con suavidad y empezamos a desvestirnos, acarició mi toda mi piel y yo la de él, nos sentíamos más y más cerca, la naturaleza nos acompañaba para dejar todo atrás y enfocarnos en el eco perfecto que hacían nuestras bocas entregándose a esos momentos
indescriptibles de placer.
Sin duda, esa fue un paseo por el cerro que jamás olvidaré.

