Historias de autos y besos

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Ustedes ya me conocen y saben que jamás me importará el qué dirán. Saben, también, que soy una chica explosiva y no tengo miedo de tomar al toro por los cuernos y manejar cualquier situación. Pues… a la hora de la intimidad soy igual.

Un día no muy lejano decidí que necesitaba una aventura, jugar un momento y satisfacer mis pasiones. La cotidianidad es un vicio y suele ser más adictivo y dañino que muchos otros, es por esto que es importante sacudir los hábitos y de vez en cuando, intentar algo nuevo y loco. En este caso, a mí se me ocurrió besarme con mi novio en un auto y ver hasta dónde nos llevaba la situación. Yo nunca había hecho algo parecido, por lo que para mí esta idea era una locura.

Comencé a ponerme bella; maquillaje y un lindo vestido… y nada más. Tomé el auto y me fui directo a buscar a mi novio a su trabajo. Lo esperé ansiosa y cuando lo vi salir me bajé de carro para cambiar de lugar (y de paso, para que pudiera apreciar lo guapa que me puse para él). Me miró con carita de niño sorprendido y me pregunto si quería ir a tomar algo o cenar. Nos subimos al auto y en casa parada nos dábamos unos buenos besos. Luego las caricias. Solo les puedo decir que terminamos disfrutando adentro y afuera del auto. Nunca he sido muy fan de los automóviles, o muy fijada en cosas técnicas o de marcas, pero aun así me considero una entusiasta quizá no de ellos, pero si en ellos.