Debemos estar conscientes que cada una de nuestras células están asociadas a nuestro propio ser, por lo que por reflejo, lo que nosotros pensamos, construye realidad en nuestras células, si algo creo en mi mente, todo mi cuerpo lo cree.

 Así, cada vez que pensamos algo, este pensamiento genera vibraciones que programa nuestras células, sin distinguir si aquello es bueno o malo, real o sólo imaginario, pues sólo reciben información, sin ser capaces de juzgar.

Por lo mismo, debes tener cuidado cuando piensas y decretas: “siempre estoy cansado(a), no sirvo para esto o aquello, nunca puedo lograr lo que deseo”, pues esto sólo implicará que nuestro cuerpo cada vez se sienta más fatigado, nos sintamos más inútiles y la desesperanza se instale.

Debemos pensar en equilibrio, tampoco se trata que de sólo pensar o decretar algo todo se transmute de un día para otro, pues todo se reacomodará lentamente, según los tiempos que sean requeridos, pues muchas veces por años hemos pensado en negativo y se requerirá tiempo para reacomodar. Lo ideal es que vayamos cambiando al pensamiento positivo paulatinamente, de a poco, vivenciando el cambio.

Hay que conjugar el decreto de pensamiento con la fuerza de la acción, pues no basta con sólo pensar, sino también se requiere de trabajo y constancia que cambien la realidad. Para que el pensamiento se materialice debemos estar atentos a las oportunidades que se nos muestran, así lograremos un cambio significativo.