La felicidad, cuestión de actitud

1342

La felicidad puede definirse como un estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno. Además suele ir de la mano con una condición interna de alegría, otorgando un enfoque del medio positivo, sintiéndose motivadas para alcanzar nuevas metas.

Para muchos puede estar relacionada con estar contentos, tranquilos, en paz, con lo que creemos, con lo que somos, con un equilibrio en distintas áreas de nuestras vidas. O mejor aún, valorando cada detalle, como por ejemplo, saber y estar conscientes que abrimos los ojos a un nuevo día, que tenemos la oportunidad de elegir qué comer y cómo vestirnos, que poseemos pareja, familia o amigos que nos brindan cariño y bienestar.

La felicidad depende de uno, que aunque no signifique estar libre de problemas, sí podemos decir que es una actitud personal, es una frecuencia de vibración. Los pensamientos y las palabras tienen mucho que ver, pero lo importante es debemos entender que se puede obtener, y se puede “aprender”.

En cuanto a las palabras, nuestra meta será “decretar”, atraer lo que queremos a través del pensamiento, del verbo. Erradiquemos los pensamientos negativos, los “tengo un mal día”, “Yo no puedo”, “no sirvo para”, “estoy mal”, “nada me resulta”. Debemos aprender a pensar en positivo, si tuve un traspié en el día, pensar que fue sólo eso, un momento, que 5 minutos no pueden condicionar 23 horas 55 minutos restantes.

Cada acción genera reacción, cada palabra genera una actitud. Seamos positivos, alegres, espontáneos, vivamos desde el corazón, sintamos cada momento como una situación especial. Por ejemplo, valora la acción de despertar sano, de sentir la ducha tibia, de sentir el sabor del café en la mañana, de sentir, que a pesar de todo, este puede ser un gran día, y que este puede ser el primer día del resto de nuestras vidas.

A pesar de las múltiples influencias ambientales y genéticas, gran parte de nuestra paz mental depende de nuestras acciones y actitudes, fortaleciéndose con la psicología positiva, luchando cada día para ser mejores, entregando pensamientos y sentimientos buenos, tanto para el resto como para uno mismo.

La felicidad no es una meta, es un camino… y nosotros podemos ir disfrutando este andar, estando conscientes de cada detalle. Uno puede elegir si  quiere vivir una felicidad permanente, o buscar momentos de alegría que sean temporales, e incluso, complementar ambos. Pero claro, lo primero es interiorizar que esto depende exclusivamente de nosotros mismos, de cómo queramos ver la vida, el vaso: medio lleno, medio vacío o completo entre aire y líquido.

Debemos aprender a agradecer, incluso los momentos y experiencias difíciles, pues de ellos sacaremos enseñanzas, nos haremos más fuertes, aprenderemos en algún punto.

Al levantarnos, siempre debemos agradecer lo que tenemos, con esto ya tenemos la llave de la felicidad, que nos llevará a tener un día un poquito más alegre… cuando abras los ojos, di como Violeta: “Gracias a la vida”.